sábado, 4 de marzo de 2017

LOS PERIODOS SENSIBLES DE LOS NIÑOS Y NIÑAS (MONTESSORI)

Esta gran mujer intuyó aspectos sobre los periodos sensibles en los niños y niñas que las neurociencias han podido descubrir y constatar cuando han tenido medios técnicos para ello.
Aunque el desarrollo de la creatividad en los niños y niñas no fue su fuerte precisamente, si lo fue el respeto profundo por la infancia y por el movimiento en libertad, aunque después de enseñarles como hacer cada uno de los ejercicios que enseña el adulto, las guías como ella gustaba de llamar a las maestras.
Los pendulazos de las modas educativas hacen que hoy esté de moda lo que ayer parecía terrible y viceversa pero tenemos que superar esta situación con la reflexión sobre qué necesita, a qué tienen derecho un niño o una niña en cada edad.
En esta situación está también la reactivación de la pedagogía Montessori, olvidada y denostada durante años y renacida actualmente, porque se ha puesto de moda. 
Pero en esta situación están también otros y otras. Ahora parece que Vigotsky no es importante (padre de la Zona de desarrollo próximo que tanto bien haría si se aplicase en las escuelas. En la misma situación se encuentran Luria, Elkonin o Leontiev, a quienes ya no se reivindica como grandes defensores del juego infantil, el que definieron como actividad rectora de su vida. Lo mismo podríamos decir de Decroly, el padre de los Rincones de actividad, con quien no se los suele identificar, a quien solo se recuerda por los actualmente denostados centros de interés. Hasta Loris Malaguzzi, de total actualidad en los años ochenta, cuando visitó nuestro país la exposición sobre el trabajo de Reggio Emilia "El Ojo se salta el Muro". También olvidado después y rescatado hace unos años.
No hay por qué tomar el cien por cien de una propuesta si no nos parecen apropiados aspectos de la misma, sino saber ver y aprovechar lo mejor que nos ofrece. 
Y lo que ofrece María Montessori es mucho, pero lo fue ayer, lo es hoy y lo será mañana.
Seamos reflexivos y rigurosos porque la infancia de cada criatura es única y merece que le ofrezcamos lo mejor que conocemos e investigamos, al margen de las modas pedagógicas. Su infancia es única y no puede estar condicionada por los caprichos e irreflexiones pedagógicas de los adultos.
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